martes, 29 de septiembre de 2015

Viajar a los 50

Cuando navegamos por los blogs de viajes parece que esta actividad esté reservada a los "jóvenes", considerando jóvenes a todos aquellos que están por debajo de 35 años. Es difícil encontrar blogs de viajes de mayores de 40 y ya no digamos mayores de 50. Y en todo esto siempre hablando de edad física que no mental, porque hay jóvenes que siempre serán viejos, y viejos que siempre han sido jóvenes. La edad no deja de ser una actitud.

Yo, en Monument Valley en nuestro viaje celebrando nuestros 20 años juntos



A lo que iba, ¿no se puede viajar a partir de los 50? ¿Hay que ir sí o sí en viajes organizados? ¿Nos volvemos cómodos? ¿Sólo nos queda esperar el Inserso? Y si no es así, ¿Por qué no hay blogs que hablen de ello? ¿los blogs sólo los escriben los "jóvenes"?

No es igual viajar a los 20, a los 30 o a los 50. No se viaja igual. Las preferencias no son las mismas. Ni las necesidades tampoco. Pero la ilusión sí. Y se disfruta igual, pero diferente (no sé si me explico), la intensidad de disfrutar del momento es la misma pero los momentos cambian con la edad. Lo que era importante a los 20, ha perdido ya todo interés a los 50, pero ahora a los 50 valoramos más esas pequeñas cosas que nos pasaban inadvertidas a los 20. Por eso los destinos o la manera de vivirlos cambian.

Realmente yo no descubrí el placer de viajar hasta casi los 40, así que llevo un retraso considerable comparado con aquellos que empezaron de jóvenes.

Por circunstancias personales, económicas y de diversa índole tuve que conformarme de joven con mis escapadas a algún camping cercano arrastrando niños, tienda de campaña y muchos trastos. No me arrepiento, la verdad es que nos lo hemos pasado genial de camping, los niños disfrutaban de un estilo de vida un poco salvaje, pero muy libre y nosotros vivíamos unos días sin la claustrofobia que suponen las paredes de un piso y respirábamos libertad. A veces lo echo de menos, pero creo que aquel momento pasó y dio paso a otros, ni mejores, ni peores, sólo diferentes.

Nuestro hotelito en aquellos tiempos

Poco a poco y a medida que los niños crecían fuimos reconduciendo nuestras escapadas y nuestros viajecitos. Empezamos haciendo rutas por España y luego ya pasamos a Europa. Eso sí, siempre arrastrando niños arriba y abajo.

En Venecia... con los niños.
En Santorini... con los niños.
En el desierto de Marruecos... con los niños.
En Disney... con los niños.

Ahora, los niños han crecido (por fin) y empezamos a descubrir otra manera de viajar, más calmada y mucho más personal. Y me encanta. Por fin podemos viajar sin estar pendiente de nadie más que de nosotros mismos, sin horarios, sin quejas, sin niños. Sólo nosotros dos. Y, ahora que puedo realmente disfrutar del viaje, ahora ¿soy demasiado mayor? Nooooo. Sólo quiero que mi hijo pequeño sea un poco más mayor y pillar un billete sólo de ida a algún lugar, y ya volveremos cuando nos cansemos de dar vueltas.

En Pompeya... sin niños.
Celebrando estar... sin niños.

Me encanta pensar en viajes. Me encanta estudiarlos. Me encanta planificarlos. Me encanta vivirlos antes de partir. Me encanta buscar opiniones, leer blogs, páginas web, comparar informaciones. Todo ese proceso es otra manera de viajar tan gratificante como el viaje mismo.

Es verdad que en alguna ocasión he viajado con viajes organizados, sí, pero no nos ha gustado demasiado, primero porque nos gusta mucho ir por libre y sin horarios y segundo porque somos un poco insociables para compartir el día a día con un autocar o un barco lleno de gente. No nos gustan las multitudes, ni los grandes hoteles preferimos viajes, si tienen que ser organizados, con un grupo reducido y los hoteles, si puede ser, pequeñitos y con encanto.

Estuvimos a punto de saltar por la borda al ver ese "hormiguero" de gente

Aunque tengo que reconocer, de vez en cuando, me gusta que me lo den todo hecho, también es agradable no pensar, que te lleven. Es más fácil y cómodo, y a veces apetece. Hay momentos y viajes para todo.

Viajar hoy en día es más fácil y barato de lo que ha sido nunca. Tan sólo necesitas ganas, tiempo e internet. Hay miles y miles de ofertas a todos los lugares y de todo tipo pero necesitas moverte ligero en la web. Quizás ese sea el handicap de muchas mujeres de mi edad que no han ido evolucionando tecnológicamente al ritmo que la sociedad, y moverse por internet es básico para planificar viajes. Yo misma tengo el ejemplo en muchas de mis amigas cercanas que no se aclaran con la tecnología, así ellas están limitadas a viajar a través de agencias o a través de terceras personas, pero no pueden disfrutar del proceso anterior de planificación. Yo, en cambio, puedo pasarme horas navegando por la red, buscando... lo que encuentre.

La tecnología nos ayuda enormemente: los GPS y el Google maps son imprescindibles actualmente pero son un invento relativamente reciente y toda la vida habíamos sobrevivido con los mapas de papel, aquellos enormes que se desplegaban ocupando todo el coche y luego no había manera de plegarlos nuevamente, sí, esos, pues a mi me siguen gustando, y los sigo usando. Soy un poco de la vieja escuela. Uso los GPS y el Google maps para moverme y planificar las rutas pero  necesito extender en el suelo de casa el mapa en papel y visualizar la ruta entera antes de empezar a reservar nada, a mi me ayuda mucho. Así que combino las dos opciones.

Mis mapas en papel siempre van conmigo

Al igual que los mapas, también las guías de viajes en papel han dejado paso a las webs, los blogs, las guías virtuales o street view, pero a mi me sigue gustando el papel, me pasa igual con los libros de lectura, puedo leer un ebook pero si un libro me gusta mucho, me lo acabo comprando en papel, pues con las guías igual. Puedo perder miles de horas en internet buscando información en cientos de páginas, pero no puedo evitar salir de una librería de viajes sin una guía en la mano.

Si hay un inconveniente en viajar por cuenta de uno mismo es el idioma, y ahí está el gran "problema" de los de nuestra edad: el inglés (bueno, el nuestro y del 80% de los españoles incluidos los políticos). En mi época yo estudié francés en el cole, y el inglés siempre ha sido la asignatura pendiente en mi vida. No es imprescindible saberlo, pero ayuda. Así que, como nunca es tarde, estoy estudiándolo desde hace algún tiempo. No es fácil, es como el gimnasio y dejar de fumar, todos los años nos lo proponemos el día 1 de enero, y el 7 ya hemos perdido la fuerza para seguir, pero a veces vencemos y yo ya le gané la batalla al tabaco y conseguí apuntarme (e ir) al gym, así que no pierdo la esperanza con el inglés. No hay prisa.

Como he dicho antes, las prioridades a los 50 no son las mismas que a los 20. Ahora para mi es mucho más importante la situación de un alojamiento, que sea céntrico, que no, por más barato, se encuentre en el extrarradio. Ya no quiero hoteles ruidosos y con mucho tránsito, prefiero los hotelitos con encanto en el que pueda descansar tranquilamente. Una buena cama, imprescindible, en viajes largos, mi espalda ya no es lo que era, ni mis piernas tampoco y si no descanso, el día siguiente se hace muy largo. No soy escrupulosa, pero un mínimo de higiene en las habitaciones es fundamental, sobre todo en los baños. Aun y así, puntualmente, puedo adaptarme a cualquier alojamiento y situación porque mi espíritu de mochilera sigue latente en mi interior. Eso sí, puntualmente. Aunque lo que más me gusta es encontrar sitios diferentes donde alojarse como este palacio en la ruta de los castillos del Loira. Me encantan los sitios raros y con personalidad.

En la ruta de los castillos del Loira encontré este palacio donde alquilaban un apartamento dentro de él. Super curioso el sitio

Y, no podemos obviar que el tiempo pasa y los años a veces pesan, y aunque el botiquín siempre ha ido conmigo en todos los viajes, antes iba lleno de jarabes para cualquier incidencia con los niños, ahora he eliminado ya el Dalsy y el Apiretal y otros tantos medicamentos infantiles, pero he añadido pastillas para la artrosis, para la migraña, crema para la circulación de las piernas, o para las contracturas. Cosas de la edad. Pero, la verdad, es que a parte de cuatro tonterías relacionadas con la "oxidación" típica de los 50 estamos bastante bien. Toquemos madera!

Pero hay que reconocer que para viajar en condiciones hay que mantenerse mínimamente en forma. Yo he sido sedentaria no, lo siguiente, durante casi 30 años, y cada vez que viajaba acababa los primeros días con agujetas del esfuerzo y las caminatas. Así que, para poder aguantar según qué viajes, sobre todo cuando son muy largos y con muchas visitas, decidí apuntarse al gimnasio, y se nota. No es fácil mantener la rutina de ejercicio, la verdad es que da muuuuucha pereza, pero es imprescindible para no sufrir demasiado en los viajes. Aun y así, en el viaje a la Costa Oeste de 2 semanas de este pasado mayo, acabamos reventados entre los kilómetros de coche y las visitas, pero hubiera sido mucho peor sin una mínima forma física.

Muerta acabé con la subida en el Bryce Canyon

Pero si hay realmente algo bueno en ir cumpliendo años es la experiencia  que la misma vida te va aportando. Cada día aprendes algo, y al aprender vamos creciendo como personas. Aprendes a vivir con más calma y a disfrutar del momento. Aprendes a arriesgar con cabeza y visitas rincones pero evitando buscar problemas. Aprendes a viajar ligero, y cada vez con menos equipaje, y los "por si acaso" se van quedando en casa. Aprendes a no arriesgar con las maletas, yo siempre divido la ropa en dos maletas, así si se pierde una maleta tenemos la mitad cada uno de nuestra ropa a salvo, si se pierden las dos, estamos jodidos. Aprendes a no comprar souvenir inútiles que acaban en el fondo de un cajón en el mejor de los casos. Aprendes a tener paciencia con los imprevistos, seguro que siempre hay una parte positiva en ello. Aprendes a tolerar a las personas de otras culturas. Aprendes a descubrir que tu verdad no es la verdad de todos. Aprendes a compartir. Aprendes a permitirte a ti mismo ser feliz y a reírte de ti mismo si es necesario.

Reírse de uno mismo es una buena terapia para ser feliz, y que mejor que hacerlo en Las Vegas

Otra parte importante de cualquier viaje son las fotos. No entiendo como alguien puede viajar y no hacer fotos, yo lo he intentado pero soy incapaz, hay una fuerza interior que me empuja a ello. Hago montones de fotos, siempre viajo con mi cámara, y me quejo, porque es una réflex y pesa cuando la llevas colgada todo el día, pero soy incapaz de prescindir de ella. Y eso que los móviles de hoy en día tienen cámaras casi tan buenas como las mismas cámaras, pero no es lo mismo. No puedo. Antes, en la época de los carretes, había que limitar los disparos porque cada uno costaba un dinero, ahora no. Eso implica llegar a casa con miles de fotos y un faenón para seleccionarlas, y me prometo a mi misma que en el próximo viaje no haré tantas fotos, sólo las necesarias, pero soy incapaz, porque para mi todas son necesarias. Así que me seguiré quejando y seguiré cargando con mi Nikon.
Yo y mi cámara hace unos añitos.

Visto lo visto, me niego a pensar que la gente de mi edad no hace todo esto que os estoy contando, quizás algunos no, pero ¿tan raro es mantenerse en forma, planificar rutas, viajar, navegar horas por internet, hacer miles de fotos y contarlo en un blog, o en Facebook, a los 50? ¿Tan raro es? Quizás sí, pero a mi me encanta. Y me da vida.

Así que voy a seguir viajando, cada vez más y mientras pueda y el cuerpo aguante, y voy a seguir planificando mis rutas aunque en algún momento me deje mimar y llevar, y seguiré estudiando inglés porque sé que algún día dejaré de hablar en plan indio y será capaz de hablar con sentido, y seguiré haciendo miles de fotos allí donde vaya porque siempre me emociona la belleza de cada rincón y me da miedo luego no recordarla, y seguiré compartiéndolo porque, aunque me dé trabajo, también me hace feliz, y, al final, de lo que se trata en la vida es de ser feliz.

Quizás lo más difícil de viajar acompañado es encontrar tu pareja de viaje perfecta, pero si tu pareja de viaje es además tu pareja de vida, qué más se puede pedir.

Viajar en buena compañía. No se puede pedir más.




1 comentario:

  1. A los 50 se empieza a vivir...te lo digo yo que tengo 52. Mi mujer y yo hemos decidido dejarlo todo y lanzarnos a la aventura de viajar. Desde hace dos meses y medio vivimos en Bangkok. Hemos elegido la capital de Tailandia por su situación estratégica que nos abre las puertas de Asia. Yo 52 y ella 41. Nunca es tarde para cumplir un sueño y nosotros hemos empezado a cumplirlo. Ahora o nunca!!!

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